Identidades

Ana Belén Pérez Barreiro

Identidades

Como en el luto, la música había estado prohibida durante dos meses. Todos en casa sabían que no se hablaba de aquel incidente, ni aunque fuera estrictamente necesario. Las mañanas eran silenciosas, sólo se escuchaban los rumores de la lluvia y el olor a tierra invadía cada rincón. Ana tenía los ojos fijos en la pared y, acostada en la cama de siempre, no sabía dónde estaba. La habitación en la que dormía desde niña ya no era la misma. Han pasado dos meses, las paredes rosas son las de siempre, incluso el tocador está intacto, pero Ana ya no era la misma.

El espejo reflejaba un cuerpo, el de Ana, un bulto inmóvil sobre aquella cama. Las lágrimas ya no rodaban, tenía los ojos secos, sin brillo, perdidos en el abismo de unas paredes rosas que habían dejado de escucharla. Quiso hablar muchas veces del asunto, pero sólo aquellas paredes la habían escuchado . Únicamente el espejo reconocía a Ana, ése al cual le había hablado durante tantos años y que ahora ya no podía oírla. Algunas veces, gente entraba y salía de la habitación. Ana trataba de hablarles, pero a ellos no les importaba lo que tenía que decir. No escuchaban.

Como en el luto, las ventanas habían estado cerradas durante dos meses. Los mismo dos meses que Ana estuvo acostada en esa cama, rodeada de las paredes rosas y aquel espejo, sin que nadie la oyera, sin que nadie viera más que una cama vacía, unas paredes sordas y un espejo callado.

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