La iridiscencia de un recuerdo/ Guirigay

Macarena De Arrigunaga

lenguageografica.com

Ilustración de Santiago Moyao

-¿Dónde están los hombres?- Preguntó cortésmente el principito .

Un día la flor había visto pasar una caravana.

-¿Los hombres?- Creo que existen seis o siete. Los he visto hace años.

Pero no se sabe nunca donde encontrarlos. El viento se los lleva.

No tienen raíces . Les molesta mucho no tenerlas.

-Adiós- dijo el principito

-Adiós- dijo la flor.

Antoine de de Saint- Exupéry

La iridiscencia de un recuerdo

Diafragma: f/3.5. Obturador: 1 segundo.

Dicen que la espera es lo que hace que el tiempo adquiera significado. No sé, eso me  suena a un halago al desperdicio. Todos sabemos que hay maneras específicas de ordenar los estantes: Por colores, por tamaño, por funciones, etc.  Colocar las cosas en su lugar por rutina, para evitar perdidas futuras.  Si, pero también hay que vivir.  Vivir aquí. Ahora. Aquí. Hay que creer en la gracia del descuido, perder y pasar la vida buscando. La oscuridad también puede ser blanca, ¿sabes?, como una luz que derrite los ojos, como a un helado de fresa en verano. Perder cosas y pasar la vida buscándolas.

Diafragma: f/8.5. Obturador: 1/100.

Una mujer en el parque intenta seguir con la mirada el vaso en el que aquel gitano escondió la bolita de estambre. Hay cuatro vasos rojos. Él los revuelve frente a ella. Solo un vaso esconde la bolita de estambre. No lo pierdas de vista, no te atrevas a volverlo a perder  de vista.  Las manos del gitano se detienen. La mujer señala un vaso. El gitano lo levanta. No hay nada. El gitano exige sus centavos. Ella se los entrega y le pide una oportunidad más. Él acepta. Esconde la bolita. Revuelve. Se detiene. Ella cree tener el 25% de posibilidades, si mantiene la mirada fija un poco más. Señala un vaso. Vuelve a fracasar. Sabe que debe retirarse, pero su mente está inmersa en el juego. El deseo la seduce. No puede parar. El gitano revuelve cada vez más rápido. La mirada de la mujer se pierde, no puede evitar perderse. Se deja engañar, no puede evitar dejarse engañar. Es muy fácil perderse y dejarse engañar en una ciudad con tantas distracciones.

Diafragma: f/13.5. Obturador: 1/200.

Dato: El verbo griego psycho significa soplar. A partir de este verbo se forma el sustantivo ψυχή (alma), que alude en un primer momento al soplo, hálito o aliento que exhala al morir el ser humano. Dado que ese aliento permanece en el individuo hasta su muerte, ψυχή pasa a significar la vida. Cuando la psique escapa del cadáver, lleva una existencia autónoma: Según cuenta muchas veces Homero, la psyché sale volando de la boca del que muere como si fuera una mariposa (que en griego se escribe también psyché).

Diafragma: f/18.5. Obturador: 1/300.

Un niño y una niña. Un globo. Dos agujas. El niño infla el globo hasta quedarse sin aliento y le hace un nudo. Cada uno tiene una aguja en su mano. Hacen una apuesta: Quien lo reviente primero puede pedirle al otro un secreto. Cierran el trato con un apretón de manos. El niño lanza el globo al aire. Los dos corren tras de el con sus agujas puestas en alto. El globo comienza a elevarse y pronto se encuentra fuera de su alcance. Los niños lo persiguen durante unos segundos más, creen que todavía pueden alcanzarlo. El globo sigue elevándose. Los niños dejan de correr, se sientan y lo observan con sus agujas todavía en la mano. Se miran. Alzan la vista hacia el globo. Se vuelven a mirar. Se toman de la mano como si quisieran comprobar la consistencia de las cosas entrelazando sus dedos, formando tejidos con ellos. Vuelven su vista hacia el globo.

¿Te digo mi secreto? A veces sueño que me convierto en una mariposa que puede volar así de alto- Le dice la niña, con su vista todavía en el globo que empezaba a confundirse con una mancha en el cielo.

Diafragma: f/23.5. Obturador: 1/400.

En un tercer plano me encuentro yo observando los dos escenarios e intentando capturarlos con mi cámara en un marco. Me gusta venir aquí para imaginar vidas ajenas,  para dejar de pensar en la mía por un rato.  Tal vez el niño y la niña, el gitano y la otra mujer también me vuelvan parte de sus ficciones al verme, me preguntó que tipo de historia me inventarían. A veces pienso que es más fácil ver a través de un lente, ahí se fijan momentos, ahí se puede decidir que dejar dentro y que dejar fuera; cuanta luz entra y cuanta sale. Santiago está sentado a mi lado, no ha dicho una palabra desde que llegamos al parque, no es el tipo de hombre al que le entusiasma compartir sus ideas, simplemente las escribe en un diario que lleva con él a todas partes. Quizás nos entenderíamos mejor si algún día me dejará leerlo, pero es inútil intentarlo; los escritores pueden llegar a ser bastante necios y egocéntricos con ese tipo de cosas. Mi mente regresa a los niños, a la aguja, al globo. Pienso en el globo como un contenedor de aliento y en el amor como un globo. Es cansado imaginarlo todo en metáforas, pero supongo que si es verdad que todas las palabras son metáforas desgastadas no tengo otra opción.

Él dice que es la fatiga, pero yo sé que no solo es eso. Durante una semana entera no ha hecho más que dormir y escribir en su  diario. Una aguja reventó su globo, quiero decir su aliento, algunos años atrás. He intentado hacer las cosas más fáciles para los dos desde entonces:- aunque ya no tengas la voz de tu hermana aun está aquí su aliento Santiago-, le dije al notar su mirada clavada en los dos niños tomados de la mano. El lunes pasado inclusive fuimos a una sesión de meditación trascendental en la que aseguraban “vaciar nuestra mente para producir un estado de profundo descanso”. Él me pide que lo deje en paz, -no necesito todo esto Camila- me dice aparentando indiferencia, pero se que no lo dice en serio, pues ayer encontré en su repisa una mariposa azul que capturó en un frasco, ¿será que por primera vez cree posible la reencarnación?

Diafragma: f/28.5. Obturador: 1/500

Recuerdos Entomológicos

En marzo aparecieron las hormigas,

No unas cuantas- voraces y puntuales,

parte del mundo como siempre- sino

millones y millones en columnas vibrantes

por todas las bodegas de este país.

Arrastraron

al fondo de los ciegos pasadizos

hasta un grano de sal o cualquier cosa mínima

que antes hubieran rechazado.

No es pensamiento mágico: se trata

de un sentido que aún no descubrimos.

Como otros animales se anticipan

a terremotos y desbordamientos,

en vísperas de crisis y escaseces

se multiplican las hormigas, cargan

con cuanto pueda preservar su especie .

Desprécialas si quieres, o extermínalas:

No las acabarás.

Han demostrado ser sin duda alguna

mucho más previsoras que nosotros. 

Poema extraído del libro Tarde o temprano (Poemas 1958- 2009), de José Emilio Pacheco 

En la clase del martes, el profesor pidió que intentáramos regresar a nuestro recuerdo más antiguo y antes de dejarnos empezar agregó: “Recuerden aquel pasaje del libro de Job en el cual dice que “aunque encubras estas cosas en tu corazón, yo se que de todas ellas te has acordado”, ¡Desentierren eso que creían haber olvidado muchachos!”. Una, dos, tres, diez imágenes se vinieron a mi mente, pero no podía formar una memoria completa, simplemente registraba una serie de fotografías mentales. Tampoco era capaz de acomodar los sucesos y por un momento cuestione la necesidad vehemente del ser humano por colocar las acciones en una linea cronológica. 

¿Sería mejor dejar de percibir la realidad en secuencias narrativas? ¿Convertirnos en una colección de tarjetas postales en orden anacrónico?

Al reconstruir mi primer recuerdo obtuve algo parecido a esto:

Caminaba sobre un jardín enorme, creo que era en la casa de Monterrey. La única prenda que llevaba puesta era un calzón de color rosa. Encontré un hormiguero y me arrodille frente a el, mi atracción por los insectos era una obsesión natural, como la de cualquier otra niña por una muñeca o un amigo imaginario. Los bichos empezaron a escalar mi cuerpo y yo reía con sus cosquilleos involuntarios. En ese entonces no sentía miedo con ese tipo de cosas, creo que el temor también es algo que se aprende…

Empezaron a ascender por mis piernas, encontraron el camino a mi abdomen, cubrieron mis hombros y finalmente alcanzaron su destino final: la boca. El cosquilleo inicial se había transformado en un dolor punzante, pero no había nada que pudiera hacer para quitármelas de encima. Una a una recorrieron mis labios y se colaron entre mis dientes hasta penetrarme. Sentía que mi garganta empezaba a cerrarse y la sensación de asfixie me provocaba cierto placer. Es curioso que el dolor pueda llegar a sentirse tan bien, me preguntó si es un mecanismo de defensa personal o si simplemente son sensaciones que por alguna razón están ligadas.

No se si fue la dosis exagerada de veneno o un bloqueo inconsciente, pero empecé a hundirme en un delirio que terminó con tres cubetazos de agua fría y un eco de gritos desesperados suplicando que despertara. Hace poco leí que las hormigas son la especie que más grande tiene el cerebro en proporción a su tamaño, no es coincidencia que en momentos de crisis ellas se multipliquen mientras que nosotros nos quedamos estáticos. Ahora que lo pienso, si la transformación de dolor en placer es un mecanismo de defensa personal, es uno bastante estúpido.

Diafragma f/33.5. Obturador: 1/600

En mis narraciones siempre opto por escoger nombres que me sean completamente ajenos, como si así tomará distancia entre lo escrito y la experiencia. Hace unos cuantos días, por ejemplo, él era Santiago y yo Camila. De esta manera se que aunque mis relatos no sean muy distintos de la forma en que sucedieron las cosas, ya no soy parte de ellos porque decir Camila no es lo mismo a decir Macarena, ¿o si?. Sin embargo, en está ocasión decidí omitir mi regla de los nombres para fines prácticos.

Él recorría con las suaves yemas de sus dedos mi columna vertebral hueso a hueso, mientras yo le susurraba al oído que no fuera a Sevilla si lo que quería era olvidarme, pues ahí tienen mi nombre grabado en cada calle. Él respondió que iba a Sevilla porque quería ver mi trazo en todos los rincones de su viaje:“La catedral de Macarena, la Virgen de Macarena, la calle de Macarena, el restaurante Macarena, el parque Macarena. Macarena. Macarena. Macarena. Cada lugar con tu nombre será como recorrer un hueso de tu columna vertebral”.

Do nothing till you hear from me sonaba en el fondo de la habitación. Pronto nuestra respiración exhalaba al mismo ritmo que las trompetas de Ellington, llenamos los vacíos con sudor y calambres en los pies que me hacían creer que se podía sentir todo simultáneamente, como si en ese momento estuviéramos descubriendo la sustancia de nuestras propias vidas; conseguimos ser todo y una misma cosa. Queríamos que durará un poco más de lo que debería, quería asfixiarme ahí como lo hice aquella vez con las hormigas rojas y resucitar después con una cubeta de agua fría, pero sabíamos que un golpe de viento nos apagaría pronto.

                                                                                 ¿…?

Permanecimos suspendidos unos segundos más, anclados a una pregunta que no éramos capaces de formular, pero que estábamos dispuestos a pasar la vida intentando responder. Finalmente abrimos las cortinas para empezar a despertar despacio.

 Guirigay

/ visto todo esto-/ todo este esto aquí-/ locura de ver qué-/ entrever-

/ creer entrever-/ querer creer entrever-/ lejos allí allá apenas qué-

/ locura de allí querer creer entrever qué-/ qué-/ cómo decir-

/ cómo decir-/

Samuel Beckett

Te veo desde mis ojos y tu me ves desde los tuyos (supongo que el juego de prismas es inevitable), te veo y me tranquiliza pensar que tu mente guarda la mejor versión de mi, ahí adentro está a salvo- me digo a mi misma. No te puedo ofrecer coherencia, pues es lo primero de lo que carezco, me tropiezo con las palabras, tartamudeo y confundo significados como un niño daltónico que pisa el acelerador cuando el semáforo todavía está en rojo. ROJO. Todo aquí arde y todo es rojo, todo vibra con una intensa desesperación por demostrar su vitalidad, pero nada tiene la capacidad de incendiarnos, permanecemos intangibles, inflamables, inaprensibles, in in in in in… tartamudeo otra vez, mis piernas como dos columnas empiezan a tambalearse, me pones a temblar, a sudar el hielo y cuidado que el agua ya está ardiendo. Me gusta el olor de tu sudor, ¿ya te lo había dicho?, hay algo de intimidad en el , también me gusta su sabor salado y el olor de la tierra mojada, (si exprimiéramos unas cuantas gotas de tu sudor dentro del lodo de nuestro jardín, estoy segura que crecerían tulipanes de todos los colores: Naranjas como los celos, azules como la calma, morados como la incertidumbre, amarillos como los nervios y verdes, muchos tonos de verde, como la felicidad.) Pero tu sigues queriendo el rombo perfecto: Inicio-desarrollo-clímax- desenlace, girando como trapo en la lavadora, revolviéndose, revirtiéndose, volcándose hasta secarse. Aún así espero que puedas soportar mi estilo, ya te lo dije una vez -me tropiezo con las palabras- el problema es que ante mis ojos somos cuerpos mojados, húmedos después, pero nunca secos. Y aunque cada vez exijas momentos más completos, yo te sigo regresando inicios inconclusos: -¡como si tuvieras el permiso! -gritas- como si ignorarás el hecho de que vamos por la vida cabalgando a pelo, sin riendas, ni espuelas, arre arre arre- y para este punto ya no sé si debería escribir mi nombre entre comillas, porque a veces pienso que si me quitara de encima todo lo que he tomado prestado de los demás -de ti- no quedaría nada y me imaginó un poco asustada como sería ese proceso de (des)activación: ¿Qué pasaría cuando me preguntarán –¿y tu quién eres?-? , tal vez respondería (tartamudeando otra vez), -no soy- (ya me imagino la reacción de la gente). Pero aún siendo así, nos inyectamos adrenalina por todos los poros de nuestra piel caliente y por las noches encontramos una pausa entre tantas palabras, le trepamos al volumen y aullamos como lobos, pues ¿qué más podemos hacer con está luna que nos coloca en el spotlight? au au au aullamos– ahuyamos- huyamos. Vamos, huyamos, ahí a donde nuestros gritos no sirvan como eco para oídos ajenos, en donde no necesitemos encontrar treinta maneras distintas para decir la misma cosa -como sucede con las mariposas disecadas en tu pared y sus nombres impronunciables- dices, porque desde está altura no podemos apreciar la vida de los insectos, siempre están muy arriba o muy abajo de nosotros, –niña malcriada- me gustas, con todo y tus obsesiones tontas- te quiero, huyamos- te ruego, cabalgando a pelo, sin riendas, ni espuelas, arre arre arre- pero sabes bien lo que espero cuando escribo tu nombre por toda la libreta a modo de ejercicio de caligrafía o cuando recortó mi sección favorita del periódico y te digo -así se reciclan las ideas- y sé que entiendes a que me refiero porque ríes como cabra loca cuando te repito que tenemos una mente telepática, porque me dices que he escogido bien las palabras que plasme en el papel, aunque no coincidas con ellas me aseguras que eso es lo que quiero decir, aunque me tropiece y tartamudee, me afirmas que eso es lo que quiero que sepas y lo repites a forma de disco rayado, hasta que terminas por convencerme de que… de que… de que…. es un hecho que si permanecemos aquí no habrá día que los vidrios no delaten nuestra presencia.

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