La marcha de la noche

Fernando Guisa

La marcha de la noche

Solo un sonido efímero, es todo lo que necesitaba para apreciar la orquesta del silencio.

– ¿Dónde estoy? Calma que no estás lejos de la incertidumbre – Me dije mirando con vértigo la caída hacia el amanecer. Mi hogar se siente temporal; mi alma anhela regresar a donde recibo el abrazo de mis demonios internos. Pretendo suponer que su frialdad calmará mis pesadillas. Puto asco, puto ruido.

La marcha comienza al ceso del último zumbido de conciencia. Presente y eterno, el instante se prolonga al entregarme completamente a mi amante, crónica e irreductible; la noche.

Suele ser una danza violenta al terminar los tragos, viértete sobre mi.

Cesa, cesa ese ese hormigueo en las paredes. Desperates tras despertares del presente. No me encuentro en ningún estado sino en todos a la vez. Cada paso se convierte pleno y largo, cruzo montañas de singularidad eternal y DESPIERTA!

Una semilla nace y crece en el halagador reino de las escondidillas. Me niego volver a ser…

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